LA DIRECTORA DE LA CÁRCEL DE DURANGO

Cuando parecía que nos acostumbrábamos a las sangrientas noticias sobre las luchas de los narcos en México, llegan estos días informaciones, cuando menos, increíbles e indignantes, que más bien parecen haber salido de la imaginación de un guionista de Hollywood.

Cárcel de Durango, México.

Todo el mundo sabe que el mayor problema de México hoy en día es la corrupción. Una corrupción de la esfera pública estrechamente ligada a las acciones de los grupos de narcotraficantes y de delincuencia organizada. Sin este fenómeno, el problema del tráfico de drogas sería algo menor, y se le podría combatir con más fuerza.

Margarita Rojas Rodríguez.

Pero esta corrupción está alcanzando límites extremos, vergonzosos, indignantes. Resulta que la directora de la prisión del Cereso (Centro de Readaptación Social) de la ciudad de Gómez Palacio, en el estado de Durango, la señora Margarita Rojas Rodríguez, permitía salir presuntamente a ciertos presos a los que se suponía que custodiaba para cometer asesinatos por encargo o resolver viejas rencillas. Junto a ella, también están imputados el subdirector de la prisión, Francisco Carlos Alberto Uranga, así como los jefes de Seguridad y Vigilancia del penal, Roberto Enríquez Aguayo y José Guadalupe Díaz Ordaz. Todos ellos se encuentran actualmente bajo arresto domiciliario, mientras continúan las investigaciones. Al parecer, no se han presentado cargos hasta el momento.

Una de las acciones que se atribuye a estos delincuentes es la matanza de 17 jóvenes en Torrreón. Según se desprende de la investigación, la matanza podría haber sido cometida por presos de este penal que salieron con la connivencia de sus guardianes. Es más, llegaron a utilizar en la masacre, presuntamente, las propias armas de los empleados de la penitenciaria. Al terminar la matanza, los reos habrían vuelto a dormir la cárcel.

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¿HAY VIDA TRAS LA EXONERACIÓN?

The Innocence Project ha publicado un vídeo en YouTube en el que dos ex convictos norteamericanos relatan su vida tras ser exonerados de los crímenes de los que se les acusaba. Herman Atkins, Sr. y Calvin Johnson, Jr. perdieron entre ambos 27 años en la cárcel debido a errores de la justicia.